Hoy escribo cansada
(y eso también es escritura)
Regresé del trabajo hace tres horas. Comí, fui al baño, hablé con mi novio. Me preparé un té verde con leche, solo por la cafeína. Sabía que quería escribir en unas horas, así que me vino bien. También sabía que dormí alrededor de seis horas la noche anterior, no suficiente para mí. Si me preguntan porqué, me quedé hasta las dos de la madrugada trabajando en una publicación de Instagram. ¿Sobre qué? Sobre el lenguaje de imágenes en la poesía. ¿Soy ridícula? A veces lo pienso. A veces pienso que es ridículo lo mucho que me importa lo que hago. Me avergüenza decirlo en voz alta. ¿Dormir seis horas solo para terminar una publicación que guardaron cuatro personas y tiene cincuenta likes? ¿Realmente lo vale? Otras veces pienso que es admirable. Vivo en ese entremedio recordándome que los sueños cuestan, y que si yo no hago espacio para darle importancia a lo que hago, nadie en el planeta tierra lo hará.
Me hago esas preguntas, pero yo sé que no viviría de otra forma. Yo sé que quedarme hasta las dos de la madrugada preguntándome qué palabra calza o suena mejor en una línea, me genera un calorcito en el pecho, de esos que calman la ansiedad y enorgullecen a la mujer que despierta cansada, pero satisfecha. Yo sé que no hacerlo genera otro tipo de cansancio, y también los he vivido. He conocido los pasos vacíos, avanzando a la nada y caminando en círculos, evadiendo el trabajo que corresponde hacer para, no solo llegar a donde quieres, sino sentirte conectada a ti, a tus dones y a tu vocación. Algunos lo tenemos muy claro (como yo), otros no tanto (como mi novio, por ejemplo). Él me lo dice seguido: no sabe qué es lo “correcto”. ¿Informática? ¿Diseño? ¿A qué edad uno lo tiene claro? ¿Llega el día de la revelación divina? ¿Dios baja del cielo con un sobre en mano que contiene todas las respuestas que buscamos?
No.
No funciona así. Mi consejo siempre es el mismo, y lo bueno es que lo uso en mi escritura y en la vida: no existe lo correcto. Así como no existen las palabras correctas para expresarte, no existen las respuestas correctas para decirte si vas “bien” o “mal” en la vida. De nuevo, tal como en la escritura y en la vida, hay que salir al parque y jugar con la pelota, con el tobogán, con el trenecito y caerte suficientes veces como para saber qué te gusta más. La experimentación sí da respuestas. ¿Y qué más? Confianza. No solo en ti, sino en tu habilidad para hacer las cosas. Ese es otro tipo de cansancio, uno que te deja tirado en el suelo por unos minutos, pero lo gozas tanto que no quieres levantarte.
¿Desde cuando asumimos que para escribir hay que estar descansadas? Rompamos esa creencia. Preguntémosle a J.K. Rowling cuando no tenía dinero, era madre soltera y dependía de ayudas estatales del Reino Unido, preguntémosle si se sentía con “energía” para escribir o si estaba “motivada”. Preguntémosle a Lucia Berlín mientras criaba cuatro hijos sola, trabajaba como limpiadora, recepcionista, enfermera, y escribía entre turnos y silencios robados. Preguntémosle a Idea Vilariño cuando trabajó durante décadas como profesora de secundaria para poder sostenerse y escribía de madrugada, después de dar clases y corregir exámenes.
Preguntémosle a cada escritora que, a pesar de las dificultades y las crisis, llegaba a casa, sea la hora que sea, a sentarse y trabajar en su obra. La obra que nadie miraba y mucho menos, esperaba. Esa es la parte de la historia que cambia todo el juego: qué haces cuando estás cansada y nadie te está mirando.
Si quieres pregúntame a mí, ¿qué haces después de trabajar en una tienda de ropa todo el día y lidiar con personas constantemente? Y mi respuesta es: estoy acá, mal dormida, exhausta y con dolor de pies, escribiendo este texto que algunas personas leerán y —espero— logre ser espejo y motor creativo.
Antes de irme, hoy escuché a Ángeles Mastretta y me gustó lo que dijo: “yo no escribo para mí misma ni para entenderme ni para ser feliz, sino para generar un sentido de identificación en quien me lee”.
Hoy, esa fue mi misión.
Estoy cerrando agenda de enero para Las Artesanas, mi programa 1:1 de escritura.
Queda un último cupo.
Si escribes cansada, confundida o sin saber muy bien qué estás buscando, escríbeme.
Vemos juntas si este acompañamiento es para ti.
Con amor & cansancio,
C.
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Qué importante tus palabras ❤️🩹 me pasa que a veces siento que tengo que estar perfectamente para escribir. Escribamos cansadas, escribamos tristes, embotadas… escribamos en definitiva. Quizá de ahí salen las líneas más humanas
Gracias, me identifique contigo en todo lo que dijiste. ♡